martes, 14 de abril de 2009

Recuerdos Invisibles


Este presente dejó atrás otros presentes
que parecían inamovibles
ahora son solo recuerdos invisibles,
el amor ya estaba herido
cuando lo apuñalé,
dicen que fue el olvido
quien inició lo que terminé.
Esta verborragia inútil
no me permite hablar
siento mi cuerpo nadar
en mares de espesa niebla
veo mis manos, veo como tiemblan
voy a salir a matar.

Aunque soy muy cobarde
voy a perder la cobardía
como perdí algún día
la vergüenza inocente
del niño adolescente que fui
del hombre que quería ser
y del que puedo ver
porque el futuro se hizo ahora
y es una orilla sin olas,
es un triste amanecer.

Esta vez fui yo
quien se quedó con los versos más tristes
o con los más previsibles
son el brillo de un espejo roto,
son la lucidez del loco,
son recuerdos invisibles.

Puede que el cielo sea más bello
pero no aprendimos a volar
igual me niego a pisar
los entornos del diablo
cuesta entender lo que hablo
pero es humana verdad.
Prefiero quedarme acá
deambulando pero viviendo
a seguir padeciendo
de mis terrores nocturnos
de no saber de otros mundos
sin percibir el que estoy viendo.

Voy a frenar las agujas del reloj
si es verdad que el viento se lleva todo
rociaré con finos hilos de oro
el momento más importante
del vislumbrar del infante
que hace que nunca esté solo.
Me arriesgo a repetirlo
la sentencia es imponible,
la esperanza un camino posible,
no pueden estas manos curar
la sangre que se derrama
de la memoria intangible.

Y vuelvo a ser yo
quien con rabia patea el tablero,
si esto es incorregible
no seré yo el único en sufrir,
me quedo en vez de huir
de los recuerdos invisibles.

Si como el alba uno vuelve a nacer,
si esta nada desaparece,
ahora todo se esclarece
sé lo que importa realmente,
es la brisa que toca mi frente,
es el tacto que palpa suavidad
y se estremece con el ardor,
es del manto el sudor,
fue pasado, puede ser futuro,
pero es presente cabal,
todo momento es crítico en su final,
no se espera a morir
para empezar a vivir,
esta existencia acaba de empezar.

El Comienzo De Las Cosas

Cuándo empiezan las cosas?
es difícil dilucidar,
pero me voy a remitir
a lo que escuché decir
de un sabio muy popular.
Qué relación hay
entre un mono subiendo
hace veinte mil años una palmera,
para agarrar con certera
precisión su alimento,
y el terrible momento
de ver las torres gemelas
derrumbarse en sus cimientos.

La ilación está
justa y precisamente
en el transcurso del tiempo
que ni rápido ni lento
asoció a estos hechos
dejando todo maltrecho,
y esto es sólo un ejemplo.
Y es que la muerte del cazador,
en los dientes del león,
comenzó en el momento
en el que iba diciendo
“llenaré este cargador”.

Otra demostración
de interesante teoría
les daré en este día
ya que hoy mismo ocurrió.
Fue temprano a la mañana
que no escuche el chillido,
el estresante sonido
del cruel despertador,
las agujas del reloj
apremiaban mis horarios,
fue el tipo de la radio
que, dando las noticias,
me daba la primicia
que eran ocho menos cuarto,
levantarse fue como el parto
del hijo de la malicia.

No hubo tiempo de desayuno,
sólo me lavé la cara,
me golpeé con la mampara
que antecede a la bañera,
de esta difícil manera
me sacudió la mañana.
Agarré unas galletitas
para comer en el viaje
un pájaro con plumaje
amarillo como el sol
se paró en mi portón
cuando yo estaba saliendo
y el sol iba diluyendo
la bruma que se formó.

Di la vuelta en la esquina
me encaminé a mi trabajo
esperando el agasajo
de recepción de mi jefe
y convertirme en el eje
de una serie de agravios
que saldrían de sus labios
sentenciándome de hereje.
Lo cierto es que en el trayecto
y al cruzar la bocacalle
saqué desde el embalaje
una de las masitas
y al darle una mordidita
cayeron algunas migas
su destino fue la barriga
del pajarito amarillo
que apoyando, el muy pillo,
sus patitas en el asfalto
las migajas fue picoteando
levantándolas del piso.

El hambre es peligroso
a este bichito cegó
mientras comía no vio
que se acercaba un automóvil
tan frío y tan inmóvil
permaneció aquel ave
después de que la nave
le pasara por encima
robándole así la vida
¿Sin darse cuenta? ¿Quién sabe?

Porque es así esta existencia
tan divina y tan absurda,
tan brillante y taciturna,
tan efímera y embustera,
hermosa y verdadera
haz de luz y cruel penumbra.
Qué iba a saber aquél pájaro
ágil, astuto y volador
musa del poeta soñador
que su vida fue sentenciada
cuando yo, aquella mañana,
no escuché el despertador.