Cuándo empiezan las cosas?
es difícil dilucidar,
pero me voy a remitir
a lo que escuché decir
de un sabio muy popular.
Qué relación hay
entre un mono subiendo
hace veinte mil años una palmera,
para agarrar con certera
precisión su alimento,
y el terrible momento
de ver las torres gemelas
derrumbarse en sus cimientos.
La ilación está
justa y precisamente
en el transcurso del tiempo
que ni rápido ni lento
asoció a estos hechos
dejando todo maltrecho,
y esto es sólo un ejemplo.
Y es que la muerte del cazador,
en los dientes del león,
comenzó en el momento
en el que iba diciendo
“llenaré este cargador”.
Otra demostración
de interesante teoría
les daré en este día
ya que hoy mismo ocurrió.
Fue temprano a la mañana
que no escuche el chillido,
el estresante sonido
del cruel despertador,
las agujas del reloj
apremiaban mis horarios,
fue el tipo de la radio
que, dando las noticias,
me daba la primicia
que eran ocho menos cuarto,
levantarse fue como el parto
del hijo de la malicia.
No hubo tiempo de desayuno,
sólo me lavé la cara,
me golpeé con la mampara
que antecede a la bañera,
de esta difícil manera
me sacudió la mañana.
Agarré unas galletitas
para comer en el viaje
un pájaro con plumaje
amarillo como el sol
se paró en mi portón
cuando yo estaba saliendo
y el sol iba diluyendo
la bruma que se formó.
Di la vuelta en la esquina
me encaminé a mi trabajo
esperando el agasajo
de recepción de mi jefe
y convertirme en el eje
de una serie de agravios
que saldrían de sus labios
sentenciándome de hereje.
Lo cierto es que en el trayecto
y al cruzar la bocacalle
saqué desde el embalaje
una de las masitas
y al darle una mordidita
cayeron algunas migas
su destino fue la barriga
del pajarito amarillo
que apoyando, el muy pillo,
sus patitas en el asfalto
las migajas fue picoteando
levantándolas del piso.
El hambre es peligroso
a este bichito cegó
mientras comía no vio
que se acercaba un automóvil
tan frío y tan inmóvil
permaneció aquel ave
después de que la nave
le pasara por encima
robándole así la vida
¿Sin darse cuenta? ¿Quién sabe?
Porque es así esta existencia
tan divina y tan absurda,
tan brillante y taciturna,
tan efímera y embustera,
hermosa y verdadera
haz de luz y cruel penumbra.
Qué iba a saber aquél pájaro
ágil, astuto y volador
musa del poeta soñador
que su vida fue sentenciada
cuando yo, aquella mañana,
no escuché el despertador.
es difícil dilucidar,
pero me voy a remitir
a lo que escuché decir
de un sabio muy popular.
Qué relación hay
entre un mono subiendo
hace veinte mil años una palmera,
para agarrar con certera
precisión su alimento,
y el terrible momento
de ver las torres gemelas
derrumbarse en sus cimientos.
La ilación está
justa y precisamente
en el transcurso del tiempo
que ni rápido ni lento
asoció a estos hechos
dejando todo maltrecho,
y esto es sólo un ejemplo.
Y es que la muerte del cazador,
en los dientes del león,
comenzó en el momento
en el que iba diciendo
“llenaré este cargador”.
Otra demostración
de interesante teoría
les daré en este día
ya que hoy mismo ocurrió.
Fue temprano a la mañana
que no escuche el chillido,
el estresante sonido
del cruel despertador,
las agujas del reloj
apremiaban mis horarios,
fue el tipo de la radio
que, dando las noticias,
me daba la primicia
que eran ocho menos cuarto,
levantarse fue como el parto
del hijo de la malicia.
No hubo tiempo de desayuno,
sólo me lavé la cara,
me golpeé con la mampara
que antecede a la bañera,
de esta difícil manera
me sacudió la mañana.
Agarré unas galletitas
para comer en el viaje
un pájaro con plumaje
amarillo como el sol
se paró en mi portón
cuando yo estaba saliendo
y el sol iba diluyendo
la bruma que se formó.
Di la vuelta en la esquina
me encaminé a mi trabajo
esperando el agasajo
de recepción de mi jefe
y convertirme en el eje
de una serie de agravios
que saldrían de sus labios
sentenciándome de hereje.
Lo cierto es que en el trayecto
y al cruzar la bocacalle
saqué desde el embalaje
una de las masitas
y al darle una mordidita
cayeron algunas migas
su destino fue la barriga
del pajarito amarillo
que apoyando, el muy pillo,
sus patitas en el asfalto
las migajas fue picoteando
levantándolas del piso.
El hambre es peligroso
a este bichito cegó
mientras comía no vio
que se acercaba un automóvil
tan frío y tan inmóvil
permaneció aquel ave
después de que la nave
le pasara por encima
robándole así la vida
¿Sin darse cuenta? ¿Quién sabe?
Porque es así esta existencia
tan divina y tan absurda,
tan brillante y taciturna,
tan efímera y embustera,
hermosa y verdadera
haz de luz y cruel penumbra.
Qué iba a saber aquél pájaro
ágil, astuto y volador
musa del poeta soñador
que su vida fue sentenciada
cuando yo, aquella mañana,
no escuché el despertador.

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